¿Dormir mal realmente aumenta el riesgo de cáncer? Esto es lo que muestran las evidencias
Desde el trabajo nocturno hasta la función inmunitaria, los investigadores han identificado varios vínculos reales, aunque incompletos, entre la alteración del sueño y la biología del cáncer

Puntos clave
- •El trabajo nocturno rotatorio a largo plazo se ha clasificado como probablemente carcinógeno para los seres humanos, basándose en evidencias epidemiológicas y mecanísticas combinadas.
- •Los grandes estudios de enfermeras que trabajaban en turnos nocturnos rotatorios encontraron una mayor incidencia de cáncer de mama en comparación con aquellas que tenían horarios diurnos convencionales.
- •Los genes del reloj que controlan el ritmo circadiano del organismo también ayudan a regular la división celular, la reparación del ADN y las vías supresoras de tumores, lo que ofrece un vínculo biológico plausible con el cáncer.
- •La exposición a la luz durante la noche suprime la melatonina, una hormona con propiedades antioxidantes y ralentizadoras del crecimiento tumoral en estudios de laboratorio, lo que podría explicar en parte los hallazgos sobre el trabajo por turnos.
- •Se ha demostrado que una sola noche de privación parcial del sueño reduce la actividad de las células asesinas naturales, un componente de la vigilancia inmunitaria contra las células anormales.
- •El sueño corto o alterado se relaciona con cambios en la señalización de la insulina y del IGF-1, vías hormonales también implicadas en el crecimiento celular relevante para la biología del cáncer.
- •Las evidencias que relacionan la duración general del sueño, en lugar del trabajo por turnos, con el riesgo de cáncer son más débiles y variables, incluidos hallazgos modestos sobre los adenomas colorrectales y resultados inconsistentes para el cáncer de mama.
- •La mayoría de las investigaciones sobre el sueño y el cáncer muestran asociaciones y mecanismos plausibles, más que una causalidad directa demostrada, y el sueño no debe presentarse como una estrategia de prevención del cáncer.
A menudo se considera que dormir es simplemente una cuestión de descanso, pero la biología que hay detrás abarca la división celular, la liberación de hormonas y la defensa inmunitaria. Esto ha llevado a los investigadores a preguntarse si dormir mal o tener un sueño alterado de forma crónica también podría influir en el riesgo de cáncer. La respuesta honesta tiene varios matices: algunas evidencias son bastante sólidas, otras son sugestivas y algunas siguen siendo solo una idea plausible a la espera de datos más consistentes.
Cuando el reloj biológico funciona durante la noche
Las evidencias más claras en seres humanos no proceden de contar las horas de sueño. Proceden del estudio de personas cuyos horarios laborales entran en conflicto con su reloj biológico interno, conocido como ritmo circadiano, que regula el sueño, los horarios hormonales y muchos procesos celulares en ciclos de aproximadamente 24 horas. En 2007, un panel internacional de investigadores del cáncer revisó las evidencias epidemiológicas y mecanísticas acumuladas y clasificó el trabajo por turnos que altera el ritmo circadiano como probablemente carcinógeno para los seres humanos.
Esta clasificación se apoyó en gran medida en estudios prolongados de enfermeras que trabajaron durante años en turnos nocturnos rotatorios. Un análisis ampliamente citado, dirigido por Eva Schernhammer a partir de datos del Nurses' Health Study, encontró que las mujeres con muchos años de trabajo en turnos nocturnos rotatorios presentaban una mayor incidencia de cáncer de mama que las enfermeras con horarios diurnos convencionales. Otro estudio sobre el trabajo nocturno y la exposición a la luz durante la noche informó de un patrón similar. En conjunto, estos hallazgos se convirtieron en la base de la preocupación por el trabajo nocturno y el cáncer, especialmente el cáncer de mama, aunque el tamaño del efecto varió entre los estudios.
Cómo los genes circadianos alterados podrían permitir la aparición del cáncer
¿Por qué trabajar de noche, en lugar de simplemente dormir menos, podría ser importante para el cáncer? Parte de la respuesta se encuentra dentro de la célula. El ritmo circadiano está regulado por un conjunto de genes del reloj que hacen mucho más que indicar al cuerpo cuándo debe sentir sueño. Estos mismos genes también ayudan a regular cuándo se dividen las células, cómo reparan el ADN dañado y cómo permanecen activas ciertas vías supresoras de tumores.
Cuando los genes del reloj dejan de estar sincronizados con el ciclo normal de día y noche, esa regulación puede debilitarse. Las investigaciones en ratones han demostrado que alterar el ritmo circadiano acelera el crecimiento de tumores pulmonares, y los estudios de laboratorio han relacionado directamente la actividad de los genes del reloj con la maquinaria celular que responde al daño del ADN. Puede imaginarse el reloj circadiano como una especie de sistema interno de programación que normalmente indica a las células cuándo es seguro dividirse y cuándo debe realizarse primero el trabajo de reparación. Si se altera ese horario, parte de ese control de calidad puede escaparse. Se trata de evidencias mecanísticas y preclínicas, no de una prueba directa de que la alteración circadiana cause tumores en seres humanos, pero ofrecen una explicación biológicamente coherente para los hallazgos sobre el trabajo por turnos.
Oscuridad, melatonina y el posible papel protector de una hormona
Un elemento específico de este mecanismo es la melatonina, una hormona que el cuerpo produce normalmente por la noche, en la oscuridad, que ayuda a regular el sueño y también actúa como antioxidante. La exposición a la luz durante la noche, incluida la iluminación artificial, suprime la producción de melatonina. Dado que las investigaciones de laboratorio han demostrado que la melatonina ralentiza el crecimiento de ciertas células cancerosas y ayuda a limitar el estrés oxidativo, se ha propuesto que la reducción de melatonina podría ser una de las razones por las que el trabajo nocturno y la exposición a la luz durante la noche se asocian con un mayor riesgo de cáncer.
Esta idea, conocida a menudo como la hipótesis de la melatonina, cuenta con el respaldo de revisiones que relacionan las propiedades biológicas de la melatonina con los hallazgos sobre la luz nocturna y el cáncer de mama. Sigue siendo un mecanismo propuesto, no una causa confirmada, y los investigadores han señalado cuidadosamente que es difícil separar la exposición a la luz durante la noche de la alteración circadiana más amplia que conlleva el propio trabajo nocturno.
La pérdida de sueño y la patrulla nocturna del sistema inmunitario
El sueño también parece ser importante para la capacidad del sistema inmunitario de detectar y eliminar células anormales. Un estudio experimental destacado encontró que incluso una sola noche de privación parcial del sueño reducía la actividad de las células asesinas naturales, un tipo de célula inmunitaria que puede detectar y destruir células anormales, incluidas las células cancerosas en etapas tempranas, sin necesitar una exposición previa a ellas. Las células asesinas naturales actúan como una patrulla de seguridad que recorre el organismo y no necesita una fotografía para reconocer los problemas; perder sueño parece volver menos eficaz esa patrulla, al menos temporalmente.
En términos más generales, el sueño ayuda a regular la función inmunitaria y la inflamación en todo el organismo, procesos relevantes para la salud general y plausiblemente también para la eficacia con la que el sistema inmunitario mantiene bajo control las células tumorales. Sigue siendo una pregunta abierta si las disminuciones a corto plazo de la actividad inmunitaria causadas por dormir mal ocasionalmente se traducen en un aumento significativo del riesgo de cáncer a lo largo de la vida, ya que la mayor parte de estas evidencias procede de estudios experimentales breves y no de resultados oncológicos a largo plazo.
Señales metabólicas que relacionan el sueño deficiente con el crecimiento celular
El sueño y el reloj circadiano también interactúan con el metabolismo, concretamente con la forma en que el organismo gestiona la insulina y una hormona del crecimiento relacionada, llamada IGF-1. Las investigaciones que han revisado la conexión entre la biología circadiana y el metabolismo han descrito cómo la alteración del sueño y de los ritmos circadianos se asocia con cambios en la señalización de la insulina y del IGF-1. Ambas hormonas influyen en el crecimiento celular y forman parte de vías de señalización relevantes para la forma en que crecen y se dividen las células cancerosas. Esto no significa que dormir mal cause directamente un mayor riesgo de cáncer por esta única vía, pero añade otro vínculo biológicamente plausible entre la alteración del sueño y el tipo de entorno celular en el que puede desarrollarse el cáncer.
¿Y qué ocurre con una noche de sueño normal?
Gran parte de la conversación pública sobre el sueño y el cáncer se centra en la duración del sueño, no en el trabajo por turnos, y en este caso las evidencias son claramente más escasas y variables. Un estudio observacional encontró que las personas que declaraban dormir menos horas presentaban un mayor riesgo de adenomas colorrectales, pólipos que pueden ser precursores del cáncer colorrectal. Se trata de un único estudio sobre un precursor del cáncer, no sobre el cáncer en sí, por lo que debe interpretarse como sugestivo, no definitivo.
En cuanto al cáncer de mama, un amplio estudio de cohorte de mujeres posmenopáusicas pertenecientes a la Women's Health Initiative examinó la duración del sueño declarada por las propias participantes, independientemente del trabajo por turnos, y encontró asociaciones variables o modestas con la incidencia de cáncer de mama. Este contraste es informativo: las evidencias más sólidas y constantes en seres humanos en este campo se refieren a la alteración circadiana prolongada causada por el trabajo por turnos, mientras que las variaciones habituales en el número de horas que duerme una persona no han mostrado el mismo grado de intensidad o consistencia en la asociación.
Distinguir lo establecido de lo que sigue siendo incierto
Al reunir estos elementos, destacan algunas cuestiones. El trabajo nocturno prolongado que altera el ritmo circadiano cuenta con suficiente respaldo epidemiológico y mecanístico para clasificarse como probablemente carcinógeno, y el cáncer de mama es el resultado más estudiado. La explicación biológica de esta clasificación, que incluye los genes del reloj, la supresión de la melatonina, los cambios inmunitarios y la alteración de la señalización del crecimiento, es coherente y está respaldada por una combinación de investigaciones de laboratorio, estudios en animales y estudios en seres humanos.
Está mucho menos claro si la duración habitual del sueño o dormir mal ocasionalmente modifica de forma significativa el riesgo de cáncer como parece hacerlo el trabajo por turnos. Los estudios en este ámbito son menos numerosos, las asociaciones son más débiles y los tipos de cáncer estudiados son más limitados. Ninguna de estas evidencias demuestra que mejorar los hábitos de sueño prevenga o trate el cáncer, y el sueño es solo uno de los muchos factores que determinan la salud a largo plazo. Para cualquier persona que tenga preocupaciones específicas sobre el sueño, el trabajo por turnos o el riesgo de cáncer, hablar con un profesional de la salud sigue siendo el paso siguiente más fiable.
Preguntas frecuentes
Referencias
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Revisión del equipo: Este artículo ha sido revisado por Canceria Research Team

